Entonces, ¿la enfermedad no existe?

– Maestro -comentó uno de los alumnos-: usted dijo que el que adopta el papel de enfermo no sana nunca. ¿Puede explicárnoslo mejor?

– Y, ¿qué se supone que queréis que os explique?

-Explíquenos, por ejemplo, qué significa exactamente adoptar el papel de enfermo -dijo otro.

-Adoptar el papel de enfermo es utilizar nuestra enfermedad para relacionarnos con el mundo externo, renunciando a nuestra realidad y acotándola a dicha enfermedad; canjeando, a su vez, la una por la otra.

-Creo que no lo entiendo -dijo alguien.

-Imagina entonces que una persona vive en el interior de una torre y se queda encerrada en ella, así pues, cada día vienen a visitarle los amigos para hablarle a través de un interfono del cual dispone… ¿Qué crees que pasaría entonces?

El alumno se encogió de hombros

-Entonces el interfono se convertiría en lo más importante para dicha persona -continuó él-, en lo más preciado. ¿Qué es lo más preciado para ti?

-Mi familia, imagino -contestó el otro, tras sopesarlo.

-Efectivamente. Tu familia es tu realidad. Pues en esto acabaría convirtiéndose el interfono de dicha persona; sus amigos, incluso, dejarían de ser importantes para ella, dejarían de ser su realidad; ¿entiendes?… Ahora su amigo es el interfono. Es mucho más serio de lo que parece, ya que el interfono es lo que impide realmente que la persona busque una solución al problema, pero también es aquello en lo que la persona desea convertirse; esto le evita tener que arreglarse cada día para recibir a las visitas. Ella es pues, el interfono -dijo.

Por unos instantes dejó que sus palabras echaran raíces en las mentes de los que le escuchaban, luego continuó:

-El que adopta el papel de enfermo desaparece en él, acepta su enfermedad como si esta fuese una casa que la protegiese de la realidad; una especie de máscara que invalidara sus obligaciones para con el mundo y para con él mismo.

-Entonces, y según usted, ¿la enfermedad no existe?

-¡Por supuesto que existe! Pero la enfermedad es un suceso, por mucho que dure; no es nuestra realidad.
-Y ¿cuál es, entonces, nuestra realidad?
-Nuestra realidad somos nosotros mismos.

 

Felipe Rubio.

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