Algo acerca de la fortaleza

Uno de los alumnos quiso que le explicara algo acerca de la fortaleza, pues le extrañaba que alguien aparentemente tan espiritual hiciera a veces excesivo hincapié en este tema.

-Un hombre deseaba estar con una mujer–le dijo el maestro-, mas como esta no le amaba se decidió a vivir con otra, ya que creía que esto le traería estabilidad. Finalmente la estabilidad no llegó nunca, pues estando con una no dejaba de preguntarse a cual de la dos era infiel. ¿A quién crees tú que era infiel dicha persona?

-A sí misma –contestó el alumno-, pues si la primera no quería estar con él nada le debía, y estando con la segunda a nadie hería más que a su propia persona.

-Es correcto –contestó él-, pero si el problema terminase aquí, nosotros no haríamos otra cosa que juzgar la debilidad de aquel que no era suficientemente fuerte como para entregarse a su cometido, y el enjuiciamiento nos convertiría en débiles; ya que el que enjuicia obedece exclusivamente al miedo. Lo ideal será, pues, averiguar en qué consiste la debilidad y qué es lo que la diferencia de la fortaleza… ¿Sabes algo acerca de esa diferencia?

El alumno se encogió de hombros y negó con la cabeza.

-En el pueblo en que crecí –continuó el otro,- había un hombre llamado Jazmín, cuyo cuerpo era tan imperfecto que pocas personas eran capaces de sostenerle la mirada. Jazmín, sin embargo, en lugar de amilanarse, visitó a los mejores sastres, gastó su herencia en trajes a medida y aprendió perfectamente el francés; lo cual le convertía prácticamente en un extraterrestre. Todos sus esfuerzos fueron recompensados a la larga, y acabó por casarse con la mujer más bella del lugar, que a la par, era la más inteligente… Lo que diferencia a la debilidad de la fuerza es  lo mismo que diferenciaba a Jazmín del resto de los muchachos: su capacidad de seducción. La debilidad no solo se pone sus mejores galas, además, nos permite recibirla sin esfuerzo, y tanto es así que para estar con ella ni siquiera tenemos que permanecer despiertos. De este modo nos aleja de la vida que es aquella a la que debemos entregarnos.

– Pero, ¿qué sucedería, no obstante, si la vida fuese como la primera mujer y no desease estar con nosotros?

-Sucedería que estaría equivocada, puesto que ella nos dio el ser; o que no querría entregarse a la primera de cambio para obligarnos a convertirnos en seductores, y permitir así que lo mejor de nosotros florezca… Pero no mediante trajes, como Jazmín hizo; sino mediante la desnudez, que le permitiría reconocernos y regocijarse en nuestros avances: Un “Señor” que no podía tener hijos secuestró el de una de sus aldeanas y esta optó por acudir al juez de paz. Ambos se encaminaron a palacio. El Señor les hizo pasar hipócritamente a un jardín donde una decena de niños jugueteaban vestidos con trajecitos de seda y armiño: “Sí el hijo de esta mujer se halla aquí”, les dijo, “que lo reconozca y se lo lleve”. Entonces ella se echo las manos al rostro horrorizada y perpleja, pues el traje que siempre había lucido su hijo no era otro que el polvo de los caminos. El juez, sin embargo, dijo: “Que desnuden a los niños, así la madre reconocerá a su hijo”.

Felipe Rubio.

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