Terapia de La Desnudez

Cuando llegamos al Centro el cerebro descansa y el orden reaparece. Para entenderlo es útil imaginar nuestra mente como una ballena o un dragón que expulsase humo o nubecillas de vaho impidiéndonos la visión. En realidad El Centro no reaparece nunca, puesto que ni se oculta ni desaparece; el cerebro no es algo ajeno a nosotros, y lo que establece la pauta de comportamiento que insiste en la ocultación de dicho Centro, no es otra cosa que una identidad ficticia del miedo. Miedo a perder otro centro mucho más endeble; un centro de despertenencia que no es físico, ni espiritual, ni mental, sino emocional, y que se basa a su vez en el ensueño que sustituye a la realidad plena.

Las emociones son importantes en la medida en que tienen que ser desenredadas. Podemos compararlas con las algas marinas que en ocasiones encontramos en determinadas playas; estas suelen establecerse muy cerca de la orilla y son vitales para la vida marina, ya que representan parte del oxigeno del océano. Aún así, hemos de desenredar nuestros pies de ellas si queremos internarnos en el agua. Del mismo modo, las emociones han de ser desenredadas como el cabello de una mujer o de un hombre hermosos, para que su belleza y fuerza brillen con toda intensidad. Las emociones solo tienen un valor positivo en tanto que sufren este desenredo que solo puede ser llevado a cabo desde arriba, desde ese Centro o Talidad Espiritual, en la cual encontramos toda la fuerza del universo.

Por otra parte ese Centro Endeble, que sustituye al Real y nos confunde, al cual nos referíamos anteriormente, se parece bastante al Mago de Oz (en realidad todo se parece bastante al Mago de Oz); es grande por estar arropado con nuestros miedos, y resulta engrandecido por la adhesión, que de forma cobarde encierra la vergonzosa renuncia a La Vida. Cuando tomamos, sin embargo, la determinación firme de desnudarlo, DESAPARECE.

En un taller de este tipo la sanación o el inicio del movimiento sanatorio no es externo a nosotros, ni nos viene dado por algo ajeno; sino que parte del sistema creado en el propio taller. Las soluciones son halladas en nuestro interior merced a la fuerza de cuantos formamos parte de dicho sistema y a su vez este utiliza una mucho más grande; aunque más que fuerza deberíamos referirnos a un orden permanente, que en nuestra individualidad olvidamos por completo. En el fondo casi todos nuestros problemas podrían definirse como un pequeño olvido.

Que vuestro camino sea hermoso.

Felipe Rubio

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