Dios no juzga

Dios es un sistema de conjuntos en el primero de los cuales nos hallamos nosotros; después hay un conjunto que contiene al anterior y es el de nuestra  familia, y luego otro y otro, que son los de nuestra ciudad, nuestra clase social, nuestro país y un largo etcétera. La clave de supervivencia de dichos conjuntos reside en creer que fuera de ellos no existe nada, que son importantes por sí solos. Así: el negarse a conocer lo que hay fuera es lo que procura que se perpetúen, ya que cada conjunto cree, erróneamente, que si desaparece él, desaparecerá también su  contenido. Sin embargo, tarde o temprano todos acaban sucumbiendo con algún tipo de violencia que es neutralizada por la corriente de la vida. Siempre que se sale de un conjunto se llega a otro “mayor” y así sucesivamente. Si fuésemos, no obstante, dibujando conjuntos en una pizarra, tal y como los hemos ido enumerando, el último estaría fuera de esta, y no tendría límites; ya que Dios no juzga, y por tanto no los necesita. ¿Os ha quedado claro?

-No mucho- dijo una de las alumnas.

-¡Perfecto! -Contestó la profesora-. Con respecto a Dios no hay que tener las cosas muy claras. De hecho, cada vez que intentamos estar seguras de Él, creamos otro conjunto y nos alejamos de nuevo.

Felipe Rubio

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