A dios no le importas

-¿Por qué insiste en advertirnos que a Dios no le importamos y qué lectura beneficiosa podríamos sacar de ello?

-No  tenéis porqué sacar ninguna lectura –contestó La Maestra.

– Pero cuesta pensar que Dios no piensa en nosotros –intervino un segundo alumno-, e incluso da un poco de miedo.

-Eso es lo que ocurre cuando damos una lectura a algo, sea lo que sea: los pensamientos saltan de rama en rama y acaban cayendo en las fauces de la serpiente.

-Y la serpiente ¿es el diablo? –tercio otra.

-No; la serpiente es el miedo. Al prestarle atención a Dios lo ponemos en duda; creamos sentimientos hacia él y lo alejamos de nosotras, volviéndonos cobardes y desvalidas. Los sentimientos siempre son contradictorios, como una nube que oculta y desvela la luna a su antojo. Dios no te presta atención y al no hacerlo no te olvida nunca, haz tú lo mismo con él.

-Creo que no le entiendo –terció el que había hecho la primera pregunta.

-¿Cuánto tiempo hace que conoces a Amaya? –dijo La Maestra, refiriéndose a la alumna que había intervenido anteriormente.

-Tres años.

– Y ¿cómo definirías tu relación con ella?

-Como cordial y respetuosa, creó- respondió mirando a su compañera.

-Sin embargo, si tus sentimientos hacia ella fuesen más remarcados y deseases que te prestase atención: ¿no te enojaría el hecho de que no te mirase cuando tú la miras?

El alumno asintió con un movimiento de cabeza.

-Entonces la negarías en unas ocasiones y la afirmarías en otras, según tu estado de ánimo; tal y como la nube hace con la luna. Cuando te fijas demasiado en Dios le exiges que deje el resto de cosas para servirte a ti. Observas a tu alrededor y piensas: a tal persona le dio más inteligencia y a tal otra más belleza, y acaba por parecerte injusto.

-Pero, ¿cómo evitar fijarnos en él?

-No pensándolo, ya que no dudar de algo es darlo por hecho y nadie cuestiona lo incuestionable. El pensamiento es como un mensajero que sirve a una pareja y tiene sus propios intereses, en base a los cuales trastoca las palabras de una y otra parte. Mas, lo que un amante quiere es estar al lado del otro, mientras que lo que el mensajero pretende es perpetuar la distancia.

-Sin embargo, mi pensamiento…

-No repliques más –le interrumpió La Maestra-. Al hacerlo traes a entre nosotros a tan desagradable cartero. Deja que lo útil caiga en tu interior como una semilla y permite que el esqueje sea arrastrado por el viento. Pues todo lo esencial ya ha sido enunciado.

Felipe Rubio

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