Regreso al hogar

-¿Por qué es tan importante transcender el ego y cómo podemos conseguirlo?

-¿Quién dice que sea importante?

-Todo el mundo.

-Y cuando alguien dice: yo he transcendido o quiero transcender mi ego ¿no es acaso su ego el que habla en lugar de él?

La alumna dudó.

-Yo no creo que sea importante –continuó la maestra-… En realidad no creo que exista nada por lo que debamos preocuparnos, ni siquiera el ego, pues al preocuparnos ponemos en el objeto de nuestra preocupación la atención que debemos al  universo y lo confundimos con la realidad última.

-Y ¿cuál es esa realidad?

-Tampoco me preocupa, ya que se da con indiferencia de lo que yo pueda o no opinar… Si tu hermana te parece envidiosa y esto te importa acabas convirtiendo a la envidia en su única cualidad, esto la hace despreciable a tus ojos y te distancias de su ser merced a la ignorancia, pues es ignorancia pensar que alguien posee una única cualidad, ya sea de las denominadas “buenas” o “malas”. A su vez, al preocuparnos negamos la perfección de lo divino alejándonos también de ello, que es lo único de lo cual todos formamos parte, o sea nuestra verdadera esencia.

-Entonces: ¿no cree, por ejemplo, que sean más puras y mejores aquellas personas que trabajan en su interior para acercarse a Dios?

-Si alguien trabajó en su interior convenientemente no creo que distinga entre unas y otras, ya que si lo hace su esfuerzo no fue aplicado a su interior sino a su imagen externa, que sea cual sea nada tiene que ver con ella. Aún así, todo aquel que trabaja recibe su salario en el seno de lo divino, y no es menester que intente levantarse colocando sus pies sobre las cabezas de los que han de seguirle tarde o temprano; pues no se trata, como tú dices, de un acercamiento sino de un Regreso. La madre que envía a sus hijas a hacer recados sabe que una primera tardará menos porque corre más y que la otra lo hará más despacio porque el lugar al que tiene que acudir es más lejano y que una tercera puede incluso pernoctar fuera pues su cometido es aún mayor, aunque los resultados sean más pequeños. Y a las tres trata igualmente, y su hogar no queda completo hasta que todas vuelven a sentarse en torno a la lumbre. Si una trae carne y la segunda leche y la tercera agua, en nada merma o acrecenta esto el amor que ella siente por sus hijas.

Felipe Rubio

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