El perro sin amo

Un hombre poseía dos fincas de parecido diámetro y contrató a un guardés para cada una de ellas; a ambos les dijo: por la mañana recorreréis el cercado, tapareis los agujeros que las alimañas han practicado durante la noche o pondréis en pié las piedras que hayan derribado para que nada ni nadie pueda entrar y dañar al ganado. Al alba ambos partieron. Cuando el primero se sintió cansado pensó: descansaré, comeré un bocado y recuperaré fuerzas; así disfrutó de su merecido descanso. Mas cuando el segundo se encontró en la misma situación se dijo: si haraganeo mi amo se enojará y no terminaré mi cometido. De modo que no descansó, el agotamiento le impidió hacer bien su trabajo y a la mañana siguiente gran número de reses aparecieron muertas y devoradas por los lobos en la finca que él guardaba.
El que se deja llevar por el sentimiento de culpa hace de sí una imagen irreal a la cual persigue como un perro a su amo muerto, incapaz de alcanzarle nunca. En cambio, el que no sucumbe ante ella da por hecho que todos somos iguales en nuestra complejidad; que si una persona se cansa ha de descansar para recobrar el resuello, y que al día le sigue la noche de manera natural e inalterable; sabiendo esto se cuida a sí mismo y al cuidarse cuida también de los otros.
Felipe Rubio
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