Escorpiones

Cuando era pequeño mi padre me llevó a una especie de circo ambulante; una carpa de tela sucia y remendada que iba de pueblo en pueblo arrastrando tras de sí media docena de carretas. La imagen que más me impresionó, casi la única que recuerdo, fue la de un personaje de aspecto Hindú, un faquir extremadamente delgado. Este hombre tenía frente a sí un inmenso frasco de vidrio lleno de escorpiones negros que tomaba con una pinza y dejaba luego sobre la palma de su mano. El truco, según me explicó mi padre, consistía en que extendía tanto la mano que la superficie que formaba esta se curvaba hacia abajo y el escorpión era incapaz de llegar a su altura. Algo así son los problemas que no solucionamos (y entiéndase que solucionar no es buscar la disolución de dicho problema, si no su comprensión): Un escorpión que supones, no ha de picarte nunca, pero del cual no puedes olvidarte.

Felipe Rubio

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s