Camino de vuelta

A menudo hacemos de la infancia

un adulterio inconfesable

constituyendo con ella una república extraña,

una especie de Portugal desconocida.

 

La encerramos en una cueva,

levantamos una alambrada

en torno a nosotros

y nos quitamos de encima

la mitad del cuerpo y de la mente.

 

Después iniciamos

el acertado camino de vuelta,

nos damos cuenta de que

ser mayor  significa

preferir convivir con la enfermedad

a hacerlo con nosotros mismos,

y repentinamente comienza

a molestarnos el supuesto

traje de seda que nos han vendido.

 

No nos importa entonces

engordar aquella parte olvidada

hasta que el muro de contención revienta

como una cremallera

y surge

la oportunidad de volver a jugar con ella.

 

Podríamos decir que es en ese momento

cuando recuperamos el tiempo perdido,

Pero ni siquiera se trata de eso,

Puesto que el tiempo, entonces, ha dejado de importarnos.

 

Felipe Rubio

 

S E N C I L L A M E N T E J U E G A

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