Caminar a oscuras

No tener Niño Interior es imposible. Es como andar separado de tus zapatos o decir: no tengo manos o corazón, como caminar a oscuras en mitad del día por las calles abarrotadas de gente convencida de que estás sola. Es un conflicto irresoluble, tanto opinar que no poseemos Niño Interior como pensar que este carece de importancia, en tanto que la separación no es querida por él sino por el adulto que lo encierra en un rincón de la memoria y proclama su inexistencia como si esta fuese triunfo.
En realidad el problema consiste en creer que de no asesinar al niño no saldremos a la luz por completo, que no seremos de una sola pieza, por decirlo de algún modo; cuando se trata exactamente de lo contrario.
Si dedicas un instante a recordarlo, te darás cuenta de que en alguna ocasión, sino en muchas, el sueño de ese Niño era precisamente volverse mayor; que tú eras su sueño, por mucho que te cueste amarte a ti mismo en este momento, ya que solo él puede amarte como es debido, en tanto que lleva años esperándote . De modo que cuando niegas El Niño Interior te estás negando también el sueño de ti mismo, de todo lo sublime que hay en tu persona, de lo que no tiene comparación con ninguna otra. Esto, insisto, te lo estás negando a ti y no a él.
Felipe Rubio
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