Dar presencia

Dar presencia a lo que nos rodea es no competir con ello ni permitir que nos robe la esencia, apartar cuanto impida nuestro florecimiento sin necesitar de su desaparición; recolocar lo inoportuno y permitir que la luz caiga sobre ello, que lo alimente.
El guerrero en la bruma se defiende y a través de su defensa alcanza la comprensión; no derrama sangre, no asesina en su pacífica, fuerte y noble contienda; no enjuicia o niega, no teme, pues todo forma parte de la vida.
 
Dar presencia a cuanto le rodea le permite florecer como una magnolia y luchar con la intensidad y la consciencia de un remero que retirase las aguas.
 
Sin combatir, aparta cuanto intenta apartarle y al dejarle marchar le da también la oportunidad de regresar para que honre su presencia un día.
 
“Haz que tu mérito no sea otro que el de rememorar tu formidable fortaleza con constancia, dice, y el perfume de tu magnolia te mantendrá a salvo”.
 
El guerrero en la bruma es consciente de su infinitud, sabe que hay sitio para todos y que, cuidándose, cuida también de que nadie quede excluido.
 
“No encontrarás, dice, tu espacio, hasta que no te percates de que todo es una cuestión de orden y aceptándolo concedas a su vez a cada cosa su espacio”.
 
“Cuando algo te enoje le arrebatarás el puesto, más el puesto de ello es vital para tu orientación y al alejarlo, al sacarlo del plano en el que te encuentras, cambiarás también tus propias coordenadas”.
 
“Cada vez que algo te ofende despierta en ti un juicio y al hacerlo intentas transformarlo, cambiar su ser; mas al negarlo te niegas a ti mismo, haces que el mundo se tambalee bajo tus pies; te mueves involuntariamente y esto te arrebata la fuerza”.
 
“A su vez, cada vez que algo te agrada también lo enjuicias e intentas detener su cambio, amarrándote a ello e impidiéndole que alcance su propia presencia; y arrojándolo por la borda ignoras que no estás cometiendo un asesinato, sino un suicidio”.
 
“¿Quién mandará en la casa de tus hijos si no le concedes a estos su puesto? ¿Quién será el amante de tu esposa si ella no ve reconocida su esencia? ¿Quién convivirá con sus vecinos, servirá a su patria y a su mundo, si no le concedes a todo el verdadero espacio que le pertenece, si no convives con ello con lealtad y examinas cada cosa como algo contrario a tu esencia?”.
 
Felipe Rubio
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