¿Usted cuánto jugó?

Si jugó poco o nada
es probable que no lo hiciera con su padre
o con su madre
y a su vez estos
tampoco lo hubieran hecho,
habría incomunicación
entre ustedes
pues solo hablamos profundamente
de lo que experimentamos
en el juego,
y es posible
que la haya
entre usted y su hijo,
e incluso entre su pareja y usted.
En el juego
carecemos de límites,
la imaginación substituye al juicio
y no podemos cerrar los ojos
ante lo que ocurre.
Una vez inmersos en él
todos poseemos
empatía, dulzura y sinceridad;
nuestros pensamientos se tornan honestos
en pos de un fin indeterminado
que es el propio juego.
Fuera de él solo poseemos Razón;
una especie de mujer hermosa
y de aspecto casquivano
pero a la que nunca se posee realmente.
Así que juegue…
Encierre a la Razón en un escaparate
destinado a cobardes
y juegue valientemente.
Juegue con su hijo,
con su pareja,
Juegue con los niños de sus padres;
y sobre todo
juegue consigo mismo,
es el único que puede darse permiso para hacerlo.
Felipe Rubio
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