Entregarse a la propia ignorancia

La primera vez que quiso entrar en el monasterio La Maestra le preguntó:
– ¿Quién eres? -y él le dijo su nombre.- No puedes pasar, le dijo ella.

La segunda él contestó: soy una persona y ella dijo: no puedes pasar.

La tercera él dijo: no lo sé… La Maestra sonrió tímidamente y le preguntó:
– ¿Para qué quieres entrar? -Él repitió la respuesta y ella le dijo-: no puedes pasar.

La cuarta ella le preguntó:
– ¿Para qué quieres pasar?
Y él respondió:
– Para entregarme a mi ignorancia.
– Entonces, buscaremos una habitación para ti -contestó ella.

Felipe Rubio

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