Confianza

De improviso te encuentras en un laberinto de espejos y observas tu imagen repetida hasta el infinito, se te proporciona un martillo y se te anima a quebrarlos poco a poco, venciendo el temor a hacerte daño cada vez que propinas un golpe y tu supuesto yo se esparce en miles de pedacitos que te contienen por completo. Así se te anima también a ir descubriendo tu propio ser, a ir asentándote en esta limousine de lujo que es la vida.
 
Finalmente te quedas frente a dos espejos. Has acabado con el primer reflejo que tuviste de la existencia: tu tiempo intrauterino, y con el agradable recuerdo de la llegada a este mundo repleto de amor, puesto que ese amor estaba codificado en un lenguaje del cual también rompiste el reflejo, y sin embargo te abrazas incomprensiblemente a recuerdos dolorosos, sumamente legibles y visuales en tus coordenadas actuales; pero esto último no importa, no le prestes atención.
 
Observa ambos reflejos, con los cuales te has querido quedar: el primero es el de la infancia, tal y como la recuerdas, el segundo es el de tu propia madurez, tu edad adulta; aquello a lo que dio paso el primer reflejo. Date cuenta de que ahora es el momento en que el adulto entra en juego e intenta recuperar para siempre el laberinto. Reúne cada una de aquellas imágenes empoderándote en todo lo que aprendiste, aprovechando todas las posibilidades sanatorias que tu vida te brinda; ahora es el momento, ya que no tienes miedo y recoges gustoso aquello que tu niño te ha regalado: CONFIANZA.
 
Felipe Rubio
Anuncios

Prohibido entrar con mente de esclavo

Un día soñé que la libertad era un palacio en cuya puerta ponía: Prohibido entrar con mente de esclavo. Y ¿qué es una mente de esclavo? –preguntareis-. Una mente de esclavo es la que piensa, pues la que no lo hace toma aquello que encuentra y lo disfruta, mientras que la que lo hace da vueltas en torno al suceso como una avioneta que no pudiera tomar tierra; antes de descubrir el sabor de algo crea mil hipótesis sobre ello y cuando se decide a probarlo el alimento está ya duro y se ha vuelto incomestible. Una mente de esclavo es la que inconscientemente ha esperado a que esto suceda para no tener que decir me gusta, ni que dejarse llevar en contra de decisiones que alguien tomó por nosotros hace siglos; para no buscar excusas y quedarse sólidamente apoyado en su área de confort. Una mente de esclavo es un muñeco rígido como una losa en el interior de un cacahuete a punto de germinar, o un escupitajo o el ladrido de un perro parasitado en el alma de una amapola.
¡JUEGA!

Felipe Rubio

Cara a cara con tu niño interior

Cara a cara con tu niño interior pregúntate qué es lo que le falta y qué es lo que le sobra. Lo que le falta es fácil de adivinar: le faltan abrazos, pues por mucho que nos hayan amado nunca ha habido suficientes, ya que un niño, como recién llegado, siempre se siente solo. Lo que le sobra, sin embargo, son preguntas, debido a que éstas crean dudas y las dudas solo se solucionan con ideas preconcebidas.
Atrévete después a afirmar sin miedo a equivocarte, plantéate tras esa última pregunta frente a tu niño no volver a utilizar jamás los signos interrogativos, pasar a la “afirmación” de manera plena; que no te preocupen los efectos que esto pueda tener sobre él, ya que si algo no es cierto renunciará a ello de manera absoluta, pues desde ese amor tan profundo no le estás hablando con afirmaciones como crees, sino con sugerencias, que es bien distinto.
Recuerda que los niños, por débiles, tienen un sobrenatural instinto de supervivencia y que se desharán de todo aquello que no alimente dicha función siempre que estés a su lado. Que todas sus frustraciones y sus temas pendientes se quedaron posados en su interior, en ese interior del interior; precisamente por carencia de abrazos y que ahora es tu abrazo el que le sanará para siempre, tu continuo abrazo.
 
Adelante, no tengas miedo, se fuerte para que él sea fuerte.
SENCILLAMENTE JUEGA.
 
Felipe Rubio

Septiembre 2017

EL NIÑO INTERIOR… ¿Quieres jugar?
Siéntate en tu propio regazo y date el tiempo para comprender quien eres y de donde proviene eso que las demás personas denominan tu ser, y que a ti en ocasiones te parece un batiburrillo de ideas inconexas y creencias que no te pertenecen. ¿Qué pasaría si todo lo que te hubiesen dicho hasta ahora fuese mentira o no fuese exactamente lo cierto? ¿Si los juicios fuesen generados mayormente por los sentimientos y no por la razón y esto los vaciase de sentido? ¿Si a un pensamiento, como tal, le fuese imposible ser justo, brillante o limpio? ¿Qué ocurriría si no hubiese conclusión que sacar, posición que alcanzar o viaje que realizar a toda costa? ¿Si todo fuese un juego que decidiste cambiar por un sinfín de promesas para el porvenir y ese juego consistiese en sentirse amado? ¿No podrías tu misma acaso procurarte ese amor, dárselo al niño o a la niña que fuiste, a aquella personita que sí jugaba? ¿No se vendría entonces toda la estructura de ideas recurrentes y pensamientos en racimo abajo?… ¡Qué gran campo se abriría entonces a tus pies!… Imagina por un instante que jugases y jugases y jugases hasta que no quedase más que el amor por todas partes rodeándote a ti y a todo lo existente, absolutamente a todo.
Felipe Rubio

¿Qué resultados esperas?

-Cuando le hablé de lo enferma que estaba mi madre usted dijo que se salvaría y que tuviera fe; ahora sin embargo está muerta.
-Sí, ahora lo está; pero antes solo podíamos actuar desde la vida, pues la muerte no nos concierne.
-Y ¿puede decirme de qué ha servido vistos los resultados?
-Los resultados no se han visto –contestó La Maestra,- pues no depositabas la fe en la vida por tu madre, sino por ti misma… ¿Puedes decirme tú qué resultados esperas?

Felipe Rubio

El jinete y la mano

-Cuando un jinete cabalga su mano sujeta las riendas pero es él el que se cansa.
-¿Qué quiere decirnos?
-Que la mano no duda –contestó La Maestra-.
-Y sin embargo, ¿es posible no dudar nunca?
-En tu caso no, tú misma acabas de impedirlo.
 
Felipe Rubio

Mañana

-Mañana regresaré a casa de mis padres tras un año con usted. Cuando nos separamos no comprendieron mi decisión de venir y me preocupa lo que puedan sentir ahora hacia mí.
-Asegúrate de lo que tú sientes hacia ellos -contestó la maestra,- y la preocupación se habrá desvanecido.

Felipe Rubio

El tiempo

-Maestra llevo meditando seis meses y no he avanzado nada. ¿No estaré perdiendo el tiempo?
-No, el tiempo no se pierde.
-¿Entonces?
-Entonces siempre hay gente perdida que le echa la culpa al tiempo.

Felipe Rubio