El tiempo de los diamantes

-En principio, la naturaleza hizo que los diamantes nacieran de unas florecillas color violeta denominadas diamantinas, pero también les dotó de la capacidad de generar pensamientos, no a la planta de la cual salían, sino a los propios diamantes. De este modo ellos comenzaron a generar pensamientos del tipo: “¡Cómo voy a ser capaz de llegar a brillar proviniendo como provengo de tan humilde planta”, o: “Alguien tan pequeño y débil, como yo, no podrá ser una joya hermosa e indestructible”. Así es como los diamantes pasaron a ser simples semillas debido a su propio pensamiento, y la naturaleza tubo que enterrarlos en el fondo de la tierra, escondiéndolos entre el carbón y abandonándolos durante milenios. A partir de entonces, cada vez que un diamante se queda un instante en silencio mental florece y espera a ser rescatado. La mayoría de las personas creen que se necesitan milenios para que esto suceda, pero es falso, se necesita un instante, un solo instante en el que la joya tome consciencia de sí misma.
-Maestra –preguntó una de las alumnas-, ¿qué quiere decirnos con esto?
-A ti, que tu momento de convertirte en diamante aún no ha llegado.

Felipe Rubio

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El agua es el conocimiento.

-Dos aguadores vivieron y trabajaron en el mismo pueblo toda su vida –les dijo La Maestra-. Al final de esta uno tuvo buena salud y una situación económica desahogada, el otro; no solo no gozó de buena salud o humor, sino que apenas contó con dinero suficiente para comer cada día. “No lo entiendo,” dijo este último al primero un día, ¨”los dos trajimos agua durante el mismo número de años y tú lograste ahorrar más que yo, a pesar de haber sido más derrochador.” “Hace años te solía decir”, contestó el otro: “cuando un burro se aparta del camino para comer hierba hay que recogerle con cariño, como si de un niño se tratara, y devolverlo al centro para que siga caminando pacientemente, si le vareas dará un salto, se alborotará y perderá la mitad de la carga. Yo conseguí ahorrar todo el agua que tus burros derramaron, a eso se debe la diferencia entre ambos”.
-Maestra –preguntó una de las alumnas-, ¿quiénes son los aguadores y quienes los burros?
-Cada aguador y sus burros son una misma cosa –contestó la maestra-. Pero lo importante es el agua.
-Y ¿qué es el agua?
-El agua es el conocimiento.
Felipe Rubio

LA ZONA OLVIDADA

Un hombre recibió una hacienda por herencia de la cual aborrecía cierto sector sombreado y húmedo en la ladera de una montaña. Como este se hallara en un extremo de la propiedad decidió olvidarlo y pensó que otro se haría cargo de él, o que los propietarios irían agrandando los lindes de sus terrenos y la ladera acabaría perteneciendo a unos cuantos.
En lugar de esto los robles comenzaron a caerse en el terreno olvidado, se acumularon las hojas y los animales abandonados se hicieron fuertes. Los jabalíes rompían la cerca que el propio propietario había colocado entre aquel intento de nada y lo que él consideraba suyo, y los zorros, tras devorar a las gallinas se escondían de nuevo en el sector que tomaban ya por su madriguera. En invierno el agua acumulada acababa traspasándose e inundando también las tierras aceptadas y cada primavera la vegetación ascendía formando una improvisada selva que se eternizaba hasta bien llegado el invierno. Una noche de verano un rayo incendio la zona olvidada, el fuego se extendió a toda la hacienda y nadie encontró los restos del propietario entre los escombros.
-Maestra, ¿qué quiere decirnos con esto? –Preguntó una de las discípulas- ¿quién es el propietario?
-El propietario somos nosotras y la hacienda también –contestó ella.

Felipe Rubio

EL ENEMIGO INTERNO

Cierra los ojos y siente: cada vez que guardas silencio, como en este momento, que decides descansar o tomas la determinación de no volver a contemplar un pensamiento que has observado cien veces; cada vez que te dices: las cosas van a cambiar o todo lo contrario: las cosas van a quedarse como están; cada vez, digo, una voz se levanta en tu interior con el único fin de contradecirte, de frustrarte, de intentar que lo dejes y de convencerte de que no merece la pena. Ahora puedes descubrir esa voz en ti mismo, el lugar físico y exacto, la gruta en la cual se esconde tu enemigo interno; sin duda alguna la parte más trabajadora de tu ser. Puedes sentir lo que él siente, lo que anhela, saber que desea seguridad, y que en eso, no se diferencia en absoluto de todo lo existente.
 
Intenta sorprenderle abrazándolo de manera repentina para que sus argumentos caigan por su propio peso, para que descubra que no hay de qué huir. Hazlo literalmente, con brío, así podrás sentir también que tú eres el que abraza y el abrazado y prometerle a él que nunca más estará solo, y recordarte a ti mismo que no debes olvidar determinados detalles de tu biografía. Haz que se regocije en el silencio cálido de tus brazos, que comprenda que es la hora de callar, que tú le proporcionarás cuanto le haga falta; preocúpate también de dejarle claro que eres el que manda, aunque sepas mandar y cuidar a la vez, y que lo que haces lo haces por ambos. Siente después como ese antiguo ser recóndito se queda profundamente dormido en tu abrazo y como ambos volvéis a estar eternamente juntos.
 
Felipe Rubio

Y tú, ¿qué querías ser de pequeñ@?

De pequeño quería ser espadachín, pero mi padre dijo que eso eran cosas del honor y que del honor no se vivía; así cerró el tema. Unos meses después observé que firmaba papeles sin cesar; papeles que tenían que ver con seguros y alquileres, con herencias desconocidas o automóviles que se compraban y se vendían; entonces le pregunté por qué había que hacer aquello y me contestó que era debido a que el tiempo del honor había muerto, y que las personas necesitaban utilizar palabras de otras personas para fiarse entre ellas, palabras que ni interesaban ni pertenecían a los firmantes; lo dijo con fastidio, y a mí no me quedo muy claro si era beneficioso o no que el honor hubiese desaparecido.
 
Mi mamá decía que un espadachín no tenía ni sueldo fijo ni familia y que alguien así no le interesaba a nadie y ese nadie parecía ser precisamente ella. Por su parte mi hermano me aconsejo que de puestos me hiciese bandolero: los espadachines son muy finolis, dijo. A su vez, una prima mía me espetó que el gremio al que aspiraba pertenecer era extremadamente machista. ¿Qué es un machista? le pregunté yo. Alguien que trata mal a las mujeres.
 
No me sentí incluido. Reconozco que deseaba tener un bigote fino para conquistar a las chicas, regalarles flores y hacerles la vida fácil, pero no creía que esto fuera tratarlas mal. Más tarde me di cuenta de que hay personas cuya única cualidad es informarte de las cosas que haces mal, y que por enredos de la vida estas acaban por no hacer nada. A todos estos inconvenientes se unió además la absurda idea que yo mismo me había forjado en la cabeza de que los espadachines tenían, forzosamente, que ser de ascendencia china; de modo que cerré las puertas a mi sueño.
 
Acepté trabajos que no me gustaban, me conformé con querer ser astronauta, aunque la estratosfera me pareciera un rollo, trabajé de camarero, de domador de fieras y de polizón en una película que no llegó a estrenarse. Aun así nada me satisfacía y a la primera de cambio arrojaba un guante a la cara del que me faltara el respeto, mas como yo era el primero que me lo había faltado negándome a ser lo que realmente quería, cualquiera era susceptible de hacerlo, y los duelos se sucedían día y noche.
 
Finalmente me eché la manta a la cabeza y cumplí conmigo mismo, ahora soy espadachín, aunque reconozco que el trabajo no me agobia. Los espadachines, hoy en día, no tenemos sueldo fijo ni domicilio propio, y para ser sincero no ligamos tanto, pero solemos dormir a pierna suelta cuando encontramos una cama. Como todas las historias esta es medio verdad y medio mentira, cosa que la convierte precisamente en real.
 
Y tú, ¿qué querías ser de pequeñ@?
 
Felipe Rubio

Edificar la propia vida

Si tus padres fueran lo que tú recuerdas no existirían de la mitad para abajo; sus piernas, sus pies, sus rodillas, sus caderas estarían enterradas en la nada. No podrías comprenderlos por completo, ni amarlos por completo, ni aceptarlos por completo; de igual modo que nadie acepta una película romántica sin un final descorazonador o feliz, o un rosón de reyes sin sorpresa.
 
Tendrías que desentrañar sus piernas de entre la nada, practicar un hueco en su memoria e ir rescatándolas del supuesto vacío. Pero antes tendrías que vencer el miedo a ese vacío; descubrir que no es más que el lugar al que no llega la consciencia, y que en el momento en que esto acontece el vacío desaparece.
 
Tendrías también que aprender a hablar con tu niño interior, este sería el primer paso, y hacerlo luego con sus respectivos niños; ver claramente que ellos pasaron exactamente por lo mismo que tú pasaste, en cuanto a emociones se refiere. Que algunas de tus reacciones son un legado que mantienes única y exclusivamente por fidelidad a ellos. Mas, si consigues hablar con el niño de tus padres, podrás cerrar el círculo de los tres sois, practicar un Hermoso Divorcio de Conveniencia en el que todos podáis tener vuestro propio papel, y edificar vuestra propia vida, utilizando eso sí, el amor de todos.
 
Felipe Rubio

Neurodanza y niño interior del 7 al 10 de diciembre

Promoción

BLACK FRIDAY:

Para l@s que realicen la matrícula antes del viernes 24 de noviembre el precio será de 

150 euros. 

 

El retiro incluye tanto alojamiento como actividades en régimen de pensión completa.

El menú será vegetariano-ovo-lácteo.

El precio del retiro será de 250 euros por persona.

 

Jueves 7 de diciembre.

De 18.00 a 19.00 h. Recibimiento y acomodación.

De 19.00 a 21.00 h. Presentación, Mindfulness y Dinámicas de fortalecimiento grupal.

A partir de las 21.00 h. Cena y descanso.

 

Viernes 8.

De 8.30 a 9.30 h. Desayuno.

De 10.00 a 11.30 h. Taller de Saludos al Sol (despertando al guerrero).

De 12.00 a 14.00 h. Marcha Chamánica (fortalecer la tribu es proteger la cuna de los niños).

De 14.00 a 17.00 h. Comida y descanso.

De 17.00 a 20.30 h. Neurodanza (integración de contrarios). PNL (sanando los recuerdos). Análisis Transaccional (contacto con el Niño Interior)

A partir de las 20.30 h. Cena y descanso.

 

Sábado 9.

De 8.30 a 9.30 h. Desayuno.

De 10.00 a 11.30 h. Neurodanza (primero descubrimos que queremos, después lo llevamos a cabo).

De 12.00 a 14.00 h. Análisis Transaccional (Niño Interior, sanando emociones ), Las Palabras Ajenas (dinámica para objetivizar la mirada sobre nuestras emociones y aprender a consolarlas a través del otro).

De 17.00 a 20.30 h. Senderismo (el invierno también renace).

De 20.30 a 21.30 h. Estiramientos.

A partir de las 21.30 h. Cena y descanso.

 

Domingo 10.

De 8.30 a 9.30 h. Desayuno.

De 10.00 a 14.00 h. Mindfulness en círculo de energía (caminando hacia el futuro sin mochila). Taller Literario-Terapéutico (a nuestros padres). Análisis Transaccional (contacto y abrazo con el Niño Interior de nuestros padres).

De 14.00 a 17.00 h Comida, Despedida y Fin del Retiro (círculo de energía).

Reservas

 

 

 

Caminar a oscuras

No tener Niño Interior es imposible. Es como andar separado de tus zapatos o decir: no tengo manos o corazón, como caminar a oscuras en mitad del día por las calles abarrotadas de gente convencida de que estás sola. Es un conflicto irresoluble, tanto opinar que no poseemos Niño Interior como pensar que este carece de importancia, en tanto que la separación no es querida por él sino por el adulto que lo encierra en un rincón de la memoria y proclama su inexistencia como si esta fuese triunfo.
En realidad el problema consiste en creer que de no asesinar al niño no saldremos a la luz por completo, que no seremos de una sola pieza, por decirlo de algún modo; cuando se trata exactamente de lo contrario.
Si dedicas un instante a recordarlo, te darás cuenta de que en alguna ocasión, sino en muchas, el sueño de ese Niño era precisamente volverse mayor; que tú eras su sueño, por mucho que te cueste amarte a ti mismo en este momento, ya que solo él puede amarte como es debido, en tanto que lleva años esperándote . De modo que cuando niegas El Niño Interior te estás negando también el sueño de ti mismo, de todo lo sublime que hay en tu persona, de lo que no tiene comparación con ninguna otra. Esto, insisto, te lo estás negando a ti y no a él.
Felipe Rubio

Caer en la cuenta

Primero te das cuenta de que eres un barco en mitad de la ciudad dormida, sientes el velo de pensamientos ajenos que te recubre y lo retiras lentamente con las manos; te percatas de que las frustraciones no son más que un invento estadístico, el papel pintado de una habitación que nunca te agradó demasiado, actualizas el niño que llevas dentro como si de un programa de ordenador se tratase y permites que su mirada se asome a la ventana de tus ojos. Entonces te das cuenta de que has acabado convertido en lo que siempre soñaste, pero que ese sueño real y propio se escondía tras la pesadilla del adulto, en lugar de permanecer junto a la ilusión del niño.

Caes en la cuenta de que no era necesario el propio infanticidio, de que es imprescindible que el niño camine a tu lado, absolutamente vital; en la cuenta de que tenías que seguir cuidándolo, de que cuando él montaba a la espalda de alguien aspiraba a montar en tu propia espalda, única y exclusivamente; de que ese niño es la única persona que te admira realmente y por completo. Comienzas a valorar, entonces, todo lo que él podría hacer con tu fuerza, con tu estatura, con tu sabiduría, con tus errores y tu aplomo, comprendes el Cortazariano enigma de la existencia: Ese niño no es tuyo, no te pertenece; eres tú el que pertenece al niño… y decides llevarlo a caballito el resto de tu vida… Felizmente. ;

Felipe Rubio