Cómo meditar

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Una vez sentados con los ojos cerrados y la espalda recta y sin tensión, colocaremos la mano izquierda en el regazo y la derecha encima de esta. Nos haremos conscientes de nuestra respiración nasal, esperando a que se calme y nos permita sentir mejor el cuerpo, y haciendo luego, que el movimiento de ella se sitúe en el abdomen. Después, profundizaremos en la quietud y el silencio de nuestro ser de manera  gozosa, ubicando este último en el epicentro del pecho, y esperando a que se expanda desde él El Refugio Interno. El Refugio Interno es un espacio adimensional en el que todo sucede, pero hemos de tener en cuenta que lo que sucede es nada.

Meditar en algo o en alguien, consiste simplemente en introducirlo en dicho espacio sin dejarnos embargar por el sentimentalismo y sintiendo la gran unidad con nosotros, unidad que se da también con todos los demás. Cualquier problema que traigamos a este refugio para confrontarlo con la armonía sin fisuras que nos invade, estará condenado a desaparecer; no le busquéis explicaciones, en nuestro interior y sin el continuo ruido mental la visión se vuelve clara y segura, las dudas se eclipsan.

Quisiera ilustrar este artículo con una pequeña anécdota: una persona que padecía una enfermedad desde hacía mucho tiempo meditó en su problema durante un largo periodo; cuando dejó de hacerlo alguien le preguntó:

-¿Se solucionó tu problema?

-Por supuesto –contestó él.

-¿Quieres decir que ya no volverás a sufrir esas molestias? –Cuestionó el otro, incrédulo.

-No, quiero decir que he aceptado que estas no desaparecerán nunca -dijo-, y que conviviré con ellas el resto de mi vida. Este era el problema.

Cuanto sucede nos ayuda y las cosas siempre salen como queremos, el problema es que aún no hemos aprendido a saber qué es lo que queremos.

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