Cómo se supone que aprendiste

Le relató todas las maneras de meditar que practicaba, los maestros que había tenido y las personas ilustres que había conocido y de las cuales había aprendido cuanto sabía. Sabía mucho, y así se lo dijo al maestro, para que este se sintiese honrado de hablar con semejante sabio:

-Yo me levanto muy temprano -dijo,- porque, como usted sabe la meditación hay que hacerla de mañana, antes de que amanezca.

El maestro le miró profundamente y él se sintió incómodo, nervioso… pero no bajo la mirada. Hay personas que sienten vergüenza por todo aquello que hacen y al sentirla se provocan daño a sí mismas, otras no se avergüenzan por ninguno de sus actos y se provocan el mismo daño, aunque sean bastante menos inteligentes.

-Meditar a primera hora de la mañana es como ir a misa de doce los domingos, y sirve exactamente para lo mismo -sentenció el maestro-, es decir: para nada; puesto que el que no siente ansia de Dios no lo hallará nunca, y el que la siente no ha de esperar hasta el domingo.

El otro intentó hablar y él le detuvo con un gesto:

-¿Cómo se supone que aprendiste tantas cosas sin aprender a escuchar, primero? -le preguntó. Después se quedó callado y ambos guardaron silencio y llegó la noche y pasó la noche y ninguno despegó los labios.-¿Te das cuenta? -preguntó el maestro al alba-… Has aprendido tantas cosas del silencio, que nunca serás capaz de contarlas.

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